
Fue un desperdicio fabuloso. A la Selección y a Lionel Messi se les terminó el Mundial sin que lograran coronar uno de esos encuentros para la memoria, íntimo, de los buenos. Hubo apenas un acercamiento en el nacimiento de esta aventura, pero nunca hubo amor. Justo cuando más se necesitaban, la relación comenzó a deteriorarse, hasta que nada quedó, ni siquiera un gol.
El minuto 89 demostró las distancias entre el equipo y el crack. Allá, Alemania ataca y define. Es el cuarto. Acá, aún en campo rival, Messi vuelve caminando, llega a la línea central, permanece unos segundos con los brazos en la cintura, se agacha y apoya las manos en las rodillas. Siente ganas de llorar. Y lo hará camino al vestuario y en la intimidad de ese rincón derrotado. Con la prensa no hablará.
El mejor jugador del mundo consagrado en Barcelona debía hacerse rey en un Mundial. Lo buscaba Messi. Lo necesitaba la Selección. Lo demandaba Maradona obsequiándole responsabilidades ofensivas absolutas. Y Messi se va de Sudáfrica vacío en todo sentido, parecido al de las eliminatorias.
A velocidad de rayo pasa un Mundial. Allá lejos se hallan las dos primeras producciones de Messi, con más luces ante Nigeria, con flashes más esporádicos ante Corea del Sur, con perlas aún más aisladas ante Grecia. Una curva descendente acentuada en la etapa crucial, a medida de que se agregaban dificultades, bajando con México y tocando fondo con Alemania.
Maradona lo acarició a Messi de principio a fin, anunciándole que sería su Mundial. Sin embargo, Diego no lo ayudó con el 4-3-3 en el que lo insertó, con mínimo juego en el medio, con laterales sin proyección. Ese contexto empujó a Messi a retroceder al extremo y al fastidio, porque así no le gusta jugar.
El peligro de esa tendencia posicional se disimuló por los rivales más accesibles y por las inspiraciones individuales que redondeaban resultados dulces. Pero en las series mano a mano, con adversarios más exigentes, los pecados colectivos que sufrió Messi saltaron a la vista. Con Alemania, exasperó verlo recibir en la mitad de la cancha, con el adversario bien armado, esperándolo en paz.
Tampoco Messi colaboró. Por su rol, se le requería más movilidad. Pero se mostró casi nada. Hasta Alemania, había padecido 15 faltas en todo el Mundial. Y esa estadística no se alteró porque ayer no le cometieron ninguna infracción. Eso no es culpa de Maradona. Pasó por los marcadores y por el escalonamiento, pero también por un futbolista por ahora sin rebeldía, que no forzó ni una situación de roce con ningún alemán, que casi no se arrimó al área de enfrente.
El final del Mundial 2006 lo miró, impotente, desde el banco. Este 2010 terminó llorando. A Brasil 2014 llegará con 26 años, la misma edad con la que Maradona en 1986 se hizo rey. Ahí, más allá del equipo que el técnico de ocasión arme a su alrededor, también Lionel necesitará mejorar a este Messi para que haya amor con la Selección.
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Llegó la Selección y nadie puede verla

A través de un comunicado, la Policía de Seguridad Aeroportuaria informó que los integrantes del plantel no pasarán por el aeropuerto y realizarán controles aduaneros y de migraciones directamente en la pista para retirarse luego en micro hacia el predio de la AFA.
Por esta razón las autoridades de seguridad del aeropuerto recomendaron a quienes quieran ir a recibir a los jugadores que no se acerquen a la estación aérea internacional porque no podrán ver al plantel.
Si bien el vuelo directo hacia Sudáfrica desde Buenos Aires Argentina insume cerca de ocho horas, el regreso -también en forma directa- se alarga alrededor de dos horas y media mas, a raíz de los vientos que cruzan en dirección oeste-este el océano Atlántico.
El equipo argentino partió del Green Point Stadium ayer directo al aeropuerto de Ciudad del Cabo y desde allí volaron a Johannesburgo, para dirigirse de ahí en micro a Pretoria.
El plantel cenó en Pretoria, aunque fueron pocos los jugadores que tuvieron ganas de comer y el ambiente fue totalmente diferente al que se vivió en ese lugar hasta la noche de ayer.
Luego de idas y vueltas y por pedido de Maradona, se consiguió un vuelo para regresar hoy mismo a Buenos Aires.
La utilería fue lo primero que se fue de la Universidad de Pretoria y luego lo hicieron el cuerpo técnico, los jugadores y los dirigentes que acompañaron al plantel argentino.
En tanto, se anuncia para el lunes una charla entre Maradona y el presidente de la AFA, Julio Grondona, en la que comenzará a definirse el futuro del entrenador del seleccionado argentino.












